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Las elecciones presidenciales de Estados Unidos exacerban el entorno de incertidumbre

Los aspirantes a la Casa Blanca tienen agendas divergentes que podrían incidir en los mercados

Puntos clave

  • El nivel de ansiedad de los inversores es alto en un año electoral ya cargado de tensiones debido al daño económico provocado por la pandemia de coronavirus

  • Las prominentes diferencias políticas entre los candidatos presidenciales podrían tener implicaciones importantes para los inversores, particularmente en materia fiscal.

  • Los profesionales de la inversión de T. Rowe Price nos ofrecen sus opiniones sobre las posibles repercusiones de los resultados de las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos en los sectores de tecnología de la información, salud, financiero, industriales y energía.

Hay grandes diferencias de políticas públicas entre los dos candidatos presidenciales en las elecciones estadounidenses de este año que podrían tener implicaciones importantes para los inversores. También serán muy relevantes los resultados de las elecciones del 3 de noviembre en niveles inferiores, ya que el equilibrio de poder en el Senado influirá en la capacidad del próximo presidente para sacar adelante su programa de gobierno, tanto si el elegido es el demócrata Joe Biden como el republicano Donald Trump, actual presidente. 

El nivel de ansiedad de los inversores es alta en un año electoral ya cargado de tensiones debido al daño económico de la pandemia de coronavirus, que ha provocado enormes oscilaciones de mercado a principios de 2020. No obstante, David Eiswert, gestor de cartera de las estrategia Global Focused Growth Equity, sostiene que muchos de los riesgos de política y regulatorios postelectorales “quedaron despejados” tras salir elegido Joe Biden como candidato presidencial del Partido Demócrata, al ser considerado más moderado que sus rivales.

Marcado contraste en la política tributaria

La fiscalidad ilustra una de las divergencias políticas más notorias entre los dos candidatos. Biden ha propuesto gravar más a las empresas para reducir a la mitad la rebaja tributaria de la Ley de Recortes de Impuestos y Empleo (TCJA, del inglés Tax Cuts and Jobs Act) de 2017, que supuso una victoria política clave para el partido republicano. El plan de Biden supondría subir el impuesto de sociedades hasta el 28% desde el actual tipo fijo del 21%. Con todo, el tipo impositivo seguiría en un nivel sustancialmente más bajo que el 35% vigente antes de la promulgación de la TCJA. El candidato demócrata también podría incrementar los impuestos sobre los rendimientos obtenidos en el exterior por las empresas estadounidenses e instituiría alguna forma de impuesto mínimo alternativo para las sociedades mercantiles.

La finalidad de las propuestas tributarias de Biden es aumentar la recaudación para financiar sus planes de gasto, que incluyen fondos para investigación y desarrollo, educación, asistencia sanitaria y guarderías infantiles. Según un análisis de las políticas tributaria y de gasto de Biden utilizando el Modelo Presupuestario de la Universidad Penn Wharton,1 los nuevos desembolsos ascenderían a un total de 5,4 billones de USD en los próximos 10 años, frente a unos ingresos fiscales adicionales de 3,4 billones de USD, lo que se traduciría en un gasto público financiado con déficit de 2 billones de USD en la próxima década.

Las subidas de impuestos podrían lastrar los beneficios empresariales

Estas subidas de impuestos podrían reducir los beneficios empresariales después de impuestos y no está claro que las valoraciones de la renta variable y los precios de los bonos corporativos actuales estén descontando la posibilidad de una victoria de Biden y de impuestos más altos. “Los aumentos de impuestos de Biden incidirían más directamente en la renta variable que en el crédito corporativo, siendo probable que el mayor varapalo se lo llevaran los salvajemente rentables gigantes tecnológicos,» afirma Mark Vaselkiv, director de inversiones (CIO) de renta fija de T. Rowe Price. Una mayor presión fiscal no necesariamente frenaría el crecimiento, añade Vaselkiv, señalando que tanto los resultados empresariales como la economía estadounidense en su conjunto siguieron creciendo después de las subidas de impuestos aprobadas durante las administraciones de Bill Clinton y Barack Obama.

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Propuestas fiscales y comerciales de Biden y Trump*

*Las propuestas podrían cambiar tanto inmediatamente antes como después de las elecciones. Es probable que el equilibrio de poder en el Senado y otros factores determinen el éxito del próximo presidente a la hora de cumplir las partes de su programa político que requieren el visto bueno del legislativo. El presente material se ofrece únicamente con fines informativos y no pretende ser asesoramiento de inversión o una recomendación para realizar una inversión concreta. Las opiniones expresadas aquí son las de un grupo de profesionales de la inversión de T. Rowe Price. Las opiniones incluidas en el presente documento corresponden a octubre de 2020 y pueden variar sin previo aviso; dichas opiniones pueden diferir de las de otros socios de T. Rowe Price. Todas las inversiones están sujetas al riego de mercado, incluida la posible pérdida del capital invertido.

1https://budgetmodel.wharton.upenn.edu/issues/2020/9/14/biden‑2020‑analysis

David Giroux, CIO de renta variable y multiactivo de T. Rowe Price y jefe de estrategia de inversión, estima que las subidas de los tipos impositivos propuestas por Biden podrían reducir conjuntamente los beneficios después de impuestos de las empresas del índice S&P 500 entre un 9% y un 11%. Ahora bien, algunos sectores podrían beneficiarse del aumento del gasto público.

Eiswert está de acuerdo en que las firmas estadounidenses experimentarían un “reajuste de beneficios” si se aprobara el programa tributario de Biden, aunque también piensa que los efectos serían “manejables y probablemente se verían compensados, en parte, por los estímulos fiscales”.

A juicio de nuestros profesionales de la inversión, la política tributaria probablemente no cambiaría mucho en un segundo mandato de Trump. Si los republicanos mantienen el control del Senado, el legislativo incluso podría intentar reducir los impuestos corporativos por debajo de los tipos vigentes desde 2017, dice Eiswert. No obstante, aprobar otro recorte de impuestos resultaría muy difícil con la Cámara de Representantes bajo el control de los demócratas. Trump también podría seguir abogando por una exención temporal del impuesto sobre nóminas, que él describe como un recorte del impuesto sobre nóminas. Los miembros republicanos del Congreso estadounidense han mostrado escaso interés por esta medida debido a la importancia del impuesto sobre nóminas para la financiación de la Seguridad Social.

Se espera que el gasto deficitario continúe independientemente del resultado de las elecciones

El gasto deficitario estadounidense para financiar las ayudas públicas a raíz de la pandemia de este año está disparando el déficit y el nivel de endeudamiento público. Con todo, salvo que el partido demócrata ponga a su candidato en la Casa Blanca y obtenga una mayoría en ambas cámaras del Congreso, es probable que las subidas de impuestos de Biden se enfrenten a obstáculos serios. La imposibilidad de lograr la aprobación de las subidas de impuestos podría redundar en un déficit público aún mayor. Alan Levenson, economista jefe para Estados Unidos de T. Rowe Price, sostiene que los déficits federales seguirán siendo altos, sea quien sea el presidente.

La Oficina Presupuestaria del Congreso proyectó recientemente que la deuda viva del gobierno federal alcanzará el 98% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2020 y superará el 100% el próximo año. No obstante, las previsiones de Levenson para las cuentas públicas de Estados Unidos son optimistas, si se considera que las compras masivas de títulos del Tesoro de Estados Unidos (UST) por parte de la Reserva Federal (actualmente en 80. 000 millones de USD al mes) compensan la mayor parte del volumen de las emisiones nuevas de UST.

El coste del servicio de la deuda es también bajo, añade Levenson. “Los tipos de interés son tan bajos que el gasto federal en intereses apenas ha aumentado como porcentaje del PIB”, explica. Si el aumento neto de 2 billones de USD en el gasto público en los próximos 10 años propuesto por Biden podría parecer elevado, el gobierno gastó una cantidad superior solo en el segundo trimestre de 2020 en programas de ayuda a raíz de la pandemia, apunta Levenson.

A más largo plazo, Vaselkiv dice que “podemos estar llegando a una situación en la que los déficit fiscales no importan”. Esto, agrega, es porque Estados Unidos estaría dirigiéndose hacia una posición como la de Japón, donde el gobierno ha asumido una carga de deuda enorme desde finales de los años ochenta en un intento de estimular el crecimiento económico. Algunos motores seculares del crecimiento económico a más largo plazo, tales como la evolución demográfica, no auguran nada bueno para la economía de Estados Unidos debido al progresivo envejecimiento de la población, añade Vaselkiv.

Los municipios necesitan asistencia fiscal

En términos de necesidades fiscales más inmediatos, Vaselkiv afirma que la economía más débil está en los ámbitos estatal y local, donde los gobiernos necesitan ayuda para mitigar los recortes en los servicios esenciales a raíz del rápido descenso de la recaudación tributaria. En su opinión, Biden se muestra más dispuesto a buscar financiación adicional para estados y municipios. Por su parte, hasta ahora Trump se ha decantado en contra de un apoyo de ese tipo. Esta dinámica partidista significa que el resultado de las elecciones podría ayudar a determinar la calidad crediticia de la deuda municipal en años venideros a medida que la economía se recupera de la pandemia, dice Vaselkiv.

“Las tensiones con China parecen resonar en ambos lados del espectro político.”

– Quentin Fitzsimmons, gestor de cartera de renta fija internacional

Una “oleada azul” —un pleno electoral con victorias en la presidencia y las dos cámaras— aumentaría las perspectivas de nuevas medidas de estímulo fiscal a todos los niveles en 2021. Si Biden resultara elegido presidente, pero los republicanos mantienen el control del Senado, Vaselkiv ve probable que la parálisis política retrase o reduzca cualquier estímulo adicional.

Las tensiones con China resuenan en ambos partidos

Quentin Fitzsimmons, gestor de cartera de renta fija internacional de T. Rowe Price, con sede en Londres, manifiesta no estar convencido de que una administración Biden intentaría mejorar sustancialmente las relaciones con China.

“Las tensiones con China parecen resonar en ambos lados del espectro político”, indica Fitzsimmons. A su juicio, Biden mantendría la presión sobre China para atajar los problemas relacionados con los derechos de propiedad intelectual del sector tecnológico. Fitzsimmons añade que, en un segundo mandato de Trump, los inversores deberían esperar más de lo mismo con respecto a China, incluido el uso de aranceles para tratar de reducir el déficit comercial de Estados Unidos.

Por su parte, Levenson piensa que Biden se centraría menos que Trump en la balanza comercial y no impondría aranceles punitivos a las importaciones de países que suelen considerarse socios comerciales, como Canadá. Ahora bien, Biden tendrá que lidiar con la contracción –afirma Levenson– de defender el libre comercio y al mismo tiempo instar a las empresas estadounidenses a repatriar más actividades manufactureras, algo en lo que el candidato demócrata ha hecho hincapié en sus principales propuestas de política económica.

También Eiswert cree que Biden podría adoptar una postura relativamente dura frente a China, aun cuando afirma pensar que el candidato demócrata adoptaría un “enfoque más multilateral”, instando reformas pero “con un mayor énfasis en el largo plazo”.

Los profesionales de la inversión de T. Rowe Price también tienen opiniones específicas sobre cómo podrían afectar los resultados electorales a ciertos sectores clave de la economía estadounidense. Entre ellos:

Tecnología de la información y servicios de comunicación

Ken Allen, gestor de cartera de la estrategia Science & Technology Equity, estima probable que los fundamentales del sector se vean más determinados por el proceso de digitalización de la economía que por el resultado de las elecciones. Independientemente de quién gane las elecciones presidenciales, los valores tecnológicos de megacapitalización estadounidenses probablemente seguirán en el punto de mira de los reguladores tanto en Estados Unidos como en Europa.

El riesgo real, aunque difícil de cuantificar, de la regulación pública no debería ser ninguna novedad para los inversores en tecnología, apunta Allen. Las cuestiones antimonopolio y los problemas relacionados con la privacidad de los datos —señala— han provocado altibajos considerables en estos valores en los últimos años, pero eso no les ha impedido avanzar con fuerza en bolsa.

Es poco probable que remitan las tensiones comerciales en materia de tecnología entre Estados Unidos y China gobierne quien gobierne, dice Allen, ya que ambos candidatos presidenciales probablemente tratarán de proteger los derechos de propiedad intelectual estadounidenses y atajar las amenazas de ciberseguridad relacionadas con la tecnología que plantea China.

Los enfoques de los dos candidatos sobre estas cuestiones podrían diferir. “Es difícil avanzar cómo evolucionará la relación entre Estados Unidos y China en una presidencia de Biden“, explica Allen, pero si la volatilidad disminuyera, eso podría ser positivo para las empresas tecnológicas, a las que se considera más expuestas a las tensiones comerciales entre los dos países”

Salud

Ziad Bakri, gestor de cartera de la estrategia Health Sciences Equity, sostiene que el riesgo de un drástico reajuste del mercado estadounidense de seguros de salud disminuyó significativamente cuando Biden se convirtió en el candidato presidencial demócrata.

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Propuestas sectoriales de Biden y Trump*

*Las propuestas podrían cambiar tanto inmediatamente antes como después de las elecciones. Es probable que el equilibrio de poder en el Senado y otros factores determinen el éxito del próximo presidente a la hora de cumplir las partes de su programa político que requieren el visto bueno del legislativo. El presente material se ofrece únicamente con fines informativos y no pretende ser asesoramiento de inversión o una recomendación para realizar una inversión concreta. Las opiniones expresadas aquí son las de un grupo de profesionales de la inversión de T. Rowe Price. Las opiniones incluidas en el presente documento corresponden a octubre de 2020 y pueden variar sin previo aviso; dichas opiniones pueden diferir de las de otros socios de T. Rowe Price. Todas las inversiones están sujetas al riego de mercado, incluida la posible pérdida del capital invertido.

No obstante, el potencial de reforma del sistema de fijación de precios de los medicamentos podría ser una fuente de volatilidad y un riesgo importante para los títulos farmacéuticos. Tanto Trump como Biden parecen apoyar un mecanismo de indexación propuesto que tendría como objetivo hacer que los precios de los medicamentos cubiertos por Medicare estén más en línea con los precios, más bajos, disponibles en los mercados internacionales.

Si Biden gana las elecciones y los demócratas obtienen mayoría en el Senado, a juicio del analista del sector farmacéutico Jeff Holford el mercado podría centrarse más en el riesgo de que el Congreso apruebe propuestas más contundentes en materia de fijación de precios de los medicamentos. Los valores farmacéuticos podrían verse lastrados en este escenario, advierte Holford. También señala que el Partido Demócrata necesitaría una mayoría significativa en el Senado para poder sacar adelante reformas de gran calado, ya que varios senadores demócratas tienen buenas relaciones con la industria farmacéutica.

Financiero

Una administración Biden podría tratar de imponer normas más estrictas y hacerlas cumplir a los bancos, mientras que un segundo mandato Trump podría entrañar una mayor desregulación financiera. Entre las posibles medidas que podría poner en marcha un gobierno Biden cabe destacar límites adicionales a los dividendos y las recompras de acciones de los bancos cuando Estados Unidos se recupere de la pandemia y de sus consecuencias.

En opinión de Gabriel Solomon, gestor de cartera de la estrategia Financial Services Equity, aun cuando Biden ganara la presidencia y el Partido Demócrata obtuviera una mayoría cómoda en el Senado, el entorno normativo podría resultar “menos problemático” para el sector que durante la administración Obama.

Solomon sostiene que la crisis financiera de 2008-2009 convirtió al sector financiero en “un blanco fácil, habida cuenta de la deficiente gestión de los riesgos por parte de los bancos y de lo escandaloso que resultó el proceso de impagos/ejecuciones hipotecarias”. En cambio, esta vez, en lo que llevamos de pandemia, la mayoría de los bancos parecen haber gestionado sus riesgos crediticios razonablemente bien —en parte con la ayuda de la asistencia federal a hogares y empresas— y han tratado de trabajar proactivamente con los prestatarios para aplazar los pagos o reestructurar los préstamos.

A juicio de Solomon, se podría considerar a los bancos una “parte de la solución” en la recuperación de los daños económicos de la pandemia, lo que sería un buen augurio para su rentabilidad financiera cuando la economía empiece a normalizarse, la industria aumente la concesión de préstamos y se reduzcan las restricciones sobre dividendos y recompras de acciones.

“No creemos que haya nada que cualquiera de los candidatos pueda hacer, si resultara elegido, que cambie nuestra opinión de que, …el petróleo seguirá en un mercado bajista a largo plazo…”

– Shawn Driscoll, gestor de cartera de la estrategia Natural Resources Equity

Solomon dice considerar las valoraciones poco exigentes de los bancos y la posibilidad de mejorar el rendimiento del capital como factores con potencial para generar oportunidades de inversión atractivas. Las perspectivas de los bancos podrían mejorar aún más con una eventual subida de los tipos de interés, que tienden a reforzar el margen financiero neto de los bancos, o la diferencia entre los tipos a los que las instituciones financieras reciben dinero prestado y lo prestan.

Industriales

Independientemente del candidato que gane la presidencia, Jason Adams, gestor de cartera de la estrategia Global Industrials Equity, ve probable algún tipo de proyecto de ley de gasto en infraestructura susceptible de imprimir impulso en las empresas de maquinaria y construcción. Por el contrario, el gasto en defensa de Estados Unidos “se enfrenta a la perspectiva de varios años de una modesta trayectoria descendente después de un ciclo alcista de siete años”, añade.

El mayor potencial de desglobalización y tensiones comerciales en un segundo mandato de Trump podría generar incertidumbre para los valores industriales, advierte Adams. En su opinión, las empresas de automatización de fábricas serían “beneficiarias relativas” en este escenario, al incrementar la localización y automatización de las cadenas de suministro mundiales.

Biden ha indicado que buscaría niveles más altos de gasto federal en adquisiciones e incentivos fiscales para generar empleo e impulsar el desarrollo económico mediante la reconstrucción de infraestructuras críticas. Estos esfuerzos se centrarían en reducir las emisiones de carbono e invertir en tecnologías de energías limpias.

Adams cree que, si se implementan, los ambiciosos planes de Biden podrían acelerar la eficiencia energética y la reducción de las emisiones. “A este respecto, muchas empresas industriales son parte de la solución”, afirma. Entre los beneficiarios potenciales, añade, figurarían las compañías especializadas en compresores de aire, transporte por ferrocarril, aviones comerciales, vehículos eléctricos y gases industriales.

Energía

La plataforma de Biden, al igual que sus comentarios durante la campaña, sugieren que endurecería el marco normativo de la industria de combustibles fósiles, lo cual probablemente se traducirá en costes de cumplimiento más elevados para el sector del petróleo y gas. Biden ha expresado apoyo a una moratoria a la concesión de nuevas licencias para explotar yacimientos de petróleo y gas en tierras federales y dejar de emitir nuevos permisos de perforación en estas zonas.

Shawn Driscoll, gestor de la cartera de la estrategia Global Natural Resources Equity, sostiene que es probable que las condiciones del mercado mundial del petróleo influyan más en los beneficios de las empresas energéticas que los resultados electorales y sus repercusiones en el marco normativo de Estados Unidos. “No creemos que haya nada que cualquiera de los candidatos pueda hacer, si resultara elegido, que cambie nuestra opinión de que, al margen del ocasional repunte anticíclico, el petróleo seguirá en un mercado bajista a largo plazo debido al aumento de la productividad y a la caída de los costes de producción”.

Los riesgos preelectorales aumentan la incertidumbre

Junto con la incertidumbre en torno a las elecciones presidenciales estadounidenses, hay varios riesgos adicionales que podrían perturbar los mercados mundiales antes y después de las elecciones de noviembre, señala Vaselkiv. Entre dichas sorpresas bajistas potenciales cabe citar una inesperada debilidad de los datos de empleo estadounidenses u otra gran ola de infecciones de COVID-19 (la enfermedad causada por el coronavirus).

En clave positiva, un avance en la vacuna contra el COVID-19 o tratamientos para la enfermedad podrían generar presiones vendedoras sobre activos refugio como los bonos del Tesoro de Estados Unidos (UST) y repuntes de la renta variable y los bonos corporativos, apunta Vaselkiv. Por supuesto, cualquiera de estos eventos, positivos o negativos, también podrían afectar a las posibilidades de elección y a la agenda política de ambos candidatos presidenciales.

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