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China vuelve a convertirse en objetivo en las elecciones de 2020
Las tensiones relacionadas con cuestiones importantes a raíz de la pandemia van en aumento.

Tras el brote del coronavirus, las renovadas tensiones entre EE. UU. y China han complicado la delicada distensión alcanzada por ambos países mediante la firma del precario acuerdo comercial de primera fase, que interrumpió el ritmo de subidas arancelarias y ofreció algunas reformas graduales de las prácticas de mercado chinas. Con las consecuencias económicas ocasionadas por la covid 19, la enfermedad provocada por el coronavirus, la Administración Trump perdió la capacidad de basar su campaña en el crecimiento de la economía y los niveles de desempleo. En su lugar, la Casa Blanca y el Partido Republicano han encontrado en China un objetivo político eficaz. Aunque la Administración Trump ha considerado a China un «adversario estratégico» durante todo su mandato, su partido considera ahora el discurso de dureza contra China una estrategia fundamental para que los electores se mantengan fieles al presidente. En consecuencia, los inversores están reevaluando en este momento la seguridad del acuerdo comercial de primera fase y se preguntan qué otras leyes podrían aprobarse.

… las renovadas tensiones entre EE. UU. y China han complicado la delicada distensión alcanzada por ambos países mediante la firma del precario acuerdo comercial de primera fase…

Batalla en múltiples frentes en un mundo cada vez más proteccionista

La Administración Trump tomó medidas recientemente en tres ámbitos políticos principales que afectan a China: la tecnología esencial, la seguridad nacional y el proteccionismo económico. La tecnología esencial, cuestión que preocupa desde hace mucho tiempo en la relación entre EE. UU. y China, ha vuelto a centrar la atención. Dada la competencia en tecnologías de vanguardia como el 5G, EE. UU. ha buscado políticas que protegerán e incentivarán el predominio del sector en la próxima generación, afrontando al mismo tiempo preocupaciones fundamentales sobre la seguridad nacional. El Departamento de Comercio de EE. UU. adoptó recientemente normas con el fin de asegurar las cadenas de suministro de tecnologías como los semiconductores frente a las interferencias del gobierno chino. Dichas normas, junto con la imposición de mayores restricciones al gigante de telecomunicaciones chino Huawei, envían un mensaje claro: EE. UU. seguirá imponiendo políticas para tratar de darse una ventaja tecnológica fundamental con respecto a China. Mientras tanto, el Congreso ha presentado varios proyectos de ley en respuesta a la gestión inicial del brote de coronavirus por parte de China, así como su reciente actuación en Hong Kong, incluida una ley de compensaciones y sanciones contra autoridades vinculadas a la respuesta al coronavirus, leyes que eliminan la inmunidad soberana de China frente a litigios y una nueva ley sobre el deterioro de la autonomía de Hong Kong y las protecciones del Tíbet. Aunque puede que pocos de estos proyectos acaben convirtiéndose en leyes, indican una tendencia legislativa que probablemente continuará más allá de 2020.

Independientemente de qué partido se haga con el control de la Casa Blanca en 2021, no cabe esperar un cambio significativo en la evolución cada vez más negativa de la relación entre EE. UU. y China...

La «relocalización» de las cadenas de suministro cobra fuerza

Además, el coronavirus ha reanudado el debate sobre la «relocalización» de las cadenas de suministro, empezando por las esenciales en la lucha contra la covid 19. El Congreso y la Casa Blanca están desarrollando activamente planes de incentivos para animar a algunos fabricantes de equipos de protección individual y otros suministros médicos a retornar la producción a EE. UU., así como atraer una variedad más amplia de producción industrial. La relocalización de sectores completos exigirá décadas de continuo apoyo del gobierno y planificación estratégica de las empresas, independientemente del sector. Sin embargo, creemos que este debate continuará en la siguiente Administración, independientemente de qué partido se haga con la Casa Blanca.

Las medidas de EE. UU. podrían conllevar la salida de bolsa de algunas empresas

Estados Unidos también ha señalado los mercados financieros como campo de batalla contra China, por razones relacionadas tanto con la seguridad nacional como con la apertura del mercado. Durante años, el Consejo de Supervisión de la Contabilidad de las Empresas Públicas (PCAOB) ha alertado de las «dificultades de acceso relacionadas con China» que han obstaculizado la capacidad de este organismo para conseguir un «acceso total y puntual» para realizar inspecciones e investigaciones de las empresas cotizadas chinas. Con el fin de reforzar la capacidad de EE. UU. para auditar dichas compañías, el Senado aprobó la Ley de rendición de cuentas de empresas extranjeras (HFCA), que exigiría a las empresas cotizadas revelar si «son propiedad o están bajo el control de un gobierno extranjero» como el Partido Comunista Chino y daría a las empresas un plazo de tres años para cumplir las auditorías del PCAOB, o arriesgarse a dejar de cotizar en las bolsas de EE. UU. Tras meses de esfuerzos para examinar la inversión de pensiones federales de EE. UU. en acciones chinas, el Senado aprobó finalmente la HFCA. Este proyecto de ley está ahora a la espera de someterse a la Cámara de Representantes. Aunque el futuro de la medida es incierto, importantes miembros del Congreso están comprometidos a elevar los perfiles de riesgo normativo de las empresas chinas.

Más desacuerdos en el horizonte

Independientemente de qué partido se haga con el control de la Casa Blanca en 2021, no cabe esperar un cambio significativo en la evolución cada vez más negativa de la relación entre EE. UU. y China, especialmente dado que esta también está endureciendo su postura para defender sus intereses. Aunque es posible que el aluvión de medidas contra China por parte del gobierno estadounidense haya sido alentado por la política del coronavirus, las cuestiones críticas que han resurgido no desaparecerán a corto plazo. De hecho, puede que determinen el debate en la inevitable siguiente fase de negociaciones —diplomáticas o económicas— entre los gobiernos de EE. UU. y China.

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